Fue la encuesta ENSU del INEGI la que mandó el dato gordo del mes: la percepción de inseguridad en Naucalpan cayó de 80.8% en marzo a 71.0% en junio de 2026. Una baja de 9.8 puntos que sacó al municipio de la lista de ciudades con mayor percepción de inseguridad del país. Una de las caídas más pronunciadas registradas en la serie histórica del instrumento.

El resto del mes fue ruido administrativo comparado con eso: bloqueos de transportistas que se negociaron antes de materializarse, vecinos de Miramar denunciando riesgo de desborde del río Hondo por lluvias, y la entrega rutinaria de obras y becas. Nada que hiciera temblar las estadísticas.

El mes en que los naucalpenses declararon sentirse más seguros que en años fue, literalmente, el mes anterior a la balacera en Ciudad Satélite, los dos muertos en San Lorenzo Totolinga y el despliegue de 200+ elementos federales.

Lo interesante, si me permites la ironía, es leer junio junto con julio. El mes en que los naucalpenses declararon sentirse más seguros que en años fue, literalmente, el mes anterior a la balacera en Ciudad Satélite, los dos muertos en San Lorenzo Totolinga, y el despliegue de más de 200 elementos federales. La percepción bajó justo antes de que la realidad la desmintiera — o, más generosamente, la ENSU midió un respiro real que después se rompió.

Así de caprichosos son los números cuando se cruzan con la calle. En junio la gente dijo sentirse más tranquila. En julio la calle contestó con plomo y con el operativo más grande que había visto el municipio en mucho tiempo. La encuesta midió un alivio. La realidad, unas semanas después, midió otra cosa.

¿Fue un respiro genuino que luego se quebró? ¿O simplemente la percepción va siempre un paso atrás (o adelante) de los hechos? La ENSU no contesta eso. Solo deja el dato sobre la mesa: 9.8 puntos menos de miedo declarado… y un julio que se encargó de recordar que los números, a veces, llegan tarde.